NUESTRAS CREENCIAS

 

Por el Rev. Dr. Carmelo Mercado

 

1. Creemos que hay un solo Dios, que existe eternamente en tres personas (Padre, Hijo y Espíritu Santo) y que debe ser amado, honrado y adorado igualmente.

2. Creemos que las Sagradas Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamentos fueron escritas por autores/editores humanos y son por el Espíritu Santo la autoridad sin par y el testimonio autorizado de Jesucristo en la Iglesia universal.  En otras palabras, Jesucristo como la Palabra encarnada de Dios es la única revelación suficiente de Dios, de quien el Espíritu Santo testifica singularmente por medio de las Sagradas Escrituras (Libro de Confesiones, 9.27), las cuales se reciben y obedecen como la inspirada y completa Palabra escrita del Trino Dios y la guía confiable en asuntos de fe (creencia) y vida (conducta).  En fin, "la Escritura es el registro [humano] de la auto-revelación [del carácter] de Dios, a través de la cual el Espíritu Santo habla para dar testimonio de Jesucristo y dirección autoritativa a la vida de fe" (Libro de Orden, W-5.3001). 

3. Creemos que la humanidad necesita a un Salvador—Jesucristo. Toda la humanidad fue creada a la imagen de Dios para tener compañerismo con Dios y los unos con los otros.  Pero la humanidad ha pecado y es totalmente incapaz de experimentar por sí sola esa comunión para la cual fue creada.  Por el sacrificio de Jesucristo en la cruz, somos perdonados y resucitados a una nueva vida.  Creemos que Jesús nació, vivió, amó, enseñó, predicó, sanó, libertó, murió, resucitó y ascendió al cielo para salvarnos del mal.

4. Creemos en el Señorío único de Jesucristo como la Palabra encarnada y viva de Dios en la tierra, el Señor de la creación, la Cabeza de la Iglesia y el Salvador del mundo—quien fue plenamente Dios y plenamente humano.

5. Creemos que la humanidad no puede comprar la salvación de Dios por sus propios méritos ni esfuerzos, sino que la recibe con gratitud por la fe mediante el poder transformador del Espíritu Santo.  Es decir, el Dios soberano (por ninguna otra razón que por su propia iniciativa, gracia y amor) ha escogido a pecadores perdidos de cada nación para redimirlos por el poder del Espíritu Santo y a través de la muerte y resurrección de su Hijo, Jesucristo.

6. Creemos que esos pecadores, a quienes el Espíritu redarguye, vienen a confiar en Cristo como su Salvador por la Palabra de Dios, son nacidos de nuevo, se convierten en hijos/as de Dios y perseveran hasta el fin.  Por lo tanto, el resultado de la salvación gratuita de Dios en la vida del creyente es santidad, buenas obras y servicio para la gloria de Dios.

7. Creemos en el ministerio actual del Espíritu Santo, por medio de quien el creyente tiene la capacidad de disfrutar una vida llena, saludable y agradable a Dios.  Es decir, afirmamos que el pueblo de Dios es llamado a la santificación en todos los aspectos de la vida, incluyendo pero no limitándose, a la fidelidad en el pacto matrimonial entre un hombre y una mujer, y a la castidad para las personas solteras.

8. Creemos que tenemos que cumplir con la misión del Gran Mandamiento (Mateo 22:36-40), la Gran Comisión (Mateo 28:18-20) y la Gran Encomienda (1 Pedro 5:1-4).  Afirmamos el ministerio y la ordenación de las mujeres y los hombres con el fin de compartir el Evangelio del amor de Dios en Cristo a todas las personas a través de los diversos dones del Espíritu Santo y por medio de la evangelización, el desarrollo de nuevas iglesias, el alcance comunitario, las misiones mundiales y la justicia social—sin importar color, circunstancia o credo.

9. Creemos en la unidad y edificación espiritual de los demás creyentes en nuestro Señor Jesús.  En las creencias esenciales, buscamos la unidad.  En las creencias no esenciales, afirmamos la libertad.  En todas nuestras creencias, demostramos caridad.

10. Creemos que la Iglesia visible en la tierra es el instrumento (imperfecto) de Dios para promover el Reino de Dios mediante la proclamación, la enseñanza, el servicio, la confraternidad y la adoración.  Como parte del Cuerpo de Cristo, somos una “iglesia reformada y siempre reformándose según la Palabra de Dios y el llamado del Espíritu."

11. Creemos que la denominación histórica Presbiteriana es una forma del cristianismo, que está organizada bajo el concepto de una democracia representativa y está gobernada por los presbíteros (ancianos/as y pastores/as), los cuales son elegidos por sus propios miembros para tomar las decisiones en su lugar. Por lo tanto, es una iglesia evangélica que es dirigida por un grupo de sus líderes más sabios o sus “ancianos/as” (sistema presbiteriano)—y no por los miembros (sistema congregacional) ni por los obispos (sistema episcopal).

12. Creemos que los Sacramentos del Bautismo y la Santa Cena son señales visibles del pacto de Dios con los creyentes y sus hijos/as.  Son sellos dramatizando el Evangelio y confirmaciones poderosas de nuestra unión espiritual con Cristo.

13. Creemos en la Segunda Venida visible de Cristo al final de la historia y la consumación del plan eterno de Dios.  Ciertamente, todos los propósitos de Dios para la creación serán cumplidos.  ¡Amén!

 

UNA BREVE DECLARACION DE FE

(Libro de Confesiones, 10.1 – 10.6)

En la vida como en la muerte pertenecemos a Dios,

Por la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo,

Confiamos en el Dios único y trino, el Santo de Israel, a quien sólo adoramos y servimos.

Confiamos en Jesucristo,

Plenamente humano, plenamente Dios.  Jesús proclamó el reinado de Dios:  Predicando buenas nuevas a los pobres

Y libertad a los cautivos,

Enseñando por medio de palabra y hechos

Y bendiciendo a los niños,

Curando a los enfermos

Y sanando a los quebrantados de corazón,

Comiendo con los despreciados,

Perdonando a los pecadores,

Y llamando a todos a arrepentirse y a creer en el evangelio. 

Condenado injustamente por blasfemia y sedición,

Jesús fue crucificado, sufriendo la profundidad del dolor humano y dando su vida por los pecados del mundo.

Dios levantó a este Jesús de los muertos, vindicando su vida sin pecado, rompiendo el poder del pecado y del mal,

Rescatándonos de la muerte a la vida eterna.

Confiamos en Dios, a quien Jesús llamó Abba, Padre.

En amor soberano Dios creó al mundo bueno e hizo a cada uno igualmente a la imagen de Dios,

Varón y hembra, de toda raza y pueblo, para vivir como una sola comunidad.

Pero nos rebelamos contra Dios; nos escondemos de nuestro Creador.  Desconociendo los mandamientos de Dios,

Violamos la imagen de Dios en otros y en nosotros mismos, aceptamos las mentiras como verdad,

Explotamos al prójimo y a la naturaleza, y amenazamos de muerte al planeta confiado a nuestro cuidado.

Merecemos la condenación de Dios. 

Sin embargo, Dios actúa con justicia y misericordia para redimir a la creación.

Con amor perdurable, el Dios de Abraham y Sara escogió a un pueblo del pacto

Para bendecir a todas las familias de la tierra. 

Escuchando su clamor, Dios liberó a los hijos e hijas de Israel de la casa de servidumbre. 

Amándonos aún,  Dios nos hace, con Cristo, herederos del pacto.

Como madre resuelta a no abandonar a su niño de pecho, como padre que corre a dar al pródigo la bienvenida al hogar,

Dios sigue aún siendo fiel.

Confiamos en Dios el Espíritu Santo,

En todo lugar Dador y Renovador de vida.  El Espíritu nos justifica por la gracia mediante la fe,

Nos deja libres para aceptarnos y amar a Dios y al prójimo, y nos unifica con todos los creyentes en el Cuerpo único de Cristo, la Iglesia. 

El mismo Espíritu que inspiró a profetas y apóstoles,

Norma nuestra fe y vida en Cristo por medio de la Escritura, nos compromete por medio de la Palabra proclamada,

Nos hace suyos en las aguas del bautismo, nos alimenta con el pan de vida y la copa de salvación,   

Y nos llama a mujeres y hombres a todos los ministerios de la Iglesia.

En un mundo quebrantado y temeroso, el Espíritu nos da valor para orar sin cesar,

Para testificar de Cristo como Señor y Salvador ante todos los pueblos,

Para desenmascarar las idolatrías en la Iglesia y en la cultura,

Para oír el clamor de los pueblos por largo tiempo silenciados,

Y para laborar con otros por la justicia, la libertad y la paz.

En gratitud a Dios, dinamizados por el Espíritu, nos esforzamos por servir a Cristo en nuestras tareas diarias

Y por vivir vidas santas y gozosas, mientras aguardamos el nuevo cielo y la nueva tierra de Dios,

Orando, “¡Ven, Señor Jesús!”                      

 

Con los creyentes en todos tiempos y lugares, nos gozamos de que nada en la vida o en la muerte puede separarnos del amor de Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Gloria sea al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.  Amén.